Cayó “Ruchón”, el motochorro que andaba suelto desde 2022 tras balear a un policía porteño en Moreno

En las calles polvorientas de Cuartel V, Moreno, donde el olor a asfalto caliente se mezcla con la tensión de los barrios del conurbano, la Policía Federal Argentina puso fin a una cacería que duró casi cuatro años. “Ruchón”, un motochorro de 24 años con las manos manchadas de violencia, fue detenido en las últimas horas por el intento de robo que en 2022 dejó a Leandro Pezzatti, un policía de la Ciudad de 26 años, al borde de la muerte. El agente circulaba en su moto particular por la esquina de Eberth y Marchena cuando dos sombras en otra máquina lo interceptaron: eran él y su compinche “Wilson”, listos para afanarle todo.

Pezzatti no se achicó. Resistió el robo y, en respuesta, “Ruchón” le disparó cuatro balazos a quemarropa. Uno le dio en el pecho, mandándolo grave al hospital local, donde los médicos del Comando de Patrullas de Moreno le salvaron la vida de milagro. Los ladrones no se fueron con las manos vacías: le birlaron el arma reglamentaria y huyeron a toda velocidad, dejando atrás un rastro de sangre y bronca. El caso arrancó en la Unidad Funcional de Instrucción N°4 del Departamento Judicial de Moreno, bajo el fiscal Federico Soñora y la Policía Bonaerense, pero no avanzaba.

La investigación patinaba hasta que, en noviembre de 2024, la Justicia la pasó a la División Homicidios de la PFA. Ahí cobró impulso. Cuatro meses después del tiroteo, “Wilson” se topó con su final: murió en un enfrentamiento armado al intentar el mismo numerito contra otro efectivo de la Policía de la Ciudad, como contaron fuentes del Ministerio de Seguridad Nacional. Solo quedaba “Ruchón”, imputado por homicidio agravado en grado de tentativa criminis causae, robo agravado con arma de fuego y lesiones graves. Los federales no cejaron.

La clave para cazarlo fue su DNI perdido. “Ruchón” había pedido uno nuevo, pero la dirección que dio era trucha. Los sabuesos rastrearon el trámite hasta un celular a nombre de su ex pareja, en la misma zona de Cuartel V. Aunque la relación se había cortado, él merodeaba por ahí, cambiando de piecita para no ser visto. Vigilancia día y noche, y pum: lo atraparon en un allanamiento en el Oeste del Gran Buenos Aires. No se alejó mucho de donde empezó la pesadilla.

Este final habla de la saña de los motochorros en el conurbano, donde un robo pequeño termina en plomo fácil, y de la tenacidad policial que, contra viento y marea, cierra capítulos abiertos. Pezzatti sobrevivió para contarlo; “Ruchón” ahora enfrentará la Justicia por sus delitos. En Moreno, un barrio más respira un poco más aliviado, pero la vigilancia sigue, porque estas historias, nunca terminan del todo en estas tierras.

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